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Por curiosidad...

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Relato enviado por : narrador el 22/05/2017. Lecturas: 5479

etiquetas relato Por curiosidad... Zoofilia .
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Resumen
Hace unos años, Fernando el que era mi novio, y yo nos encontrábamos de visita en la casa de playa, de unas amistades nuestras. Cuando salimos a caminar por la orilla de la playa, la dueña de la casa y yo, mientras caminábamos, fuimos charlando de todo un poco. Ya de regreso a su casa, atravesamos los terrenos de sus vecinos, que son Daneses, cuando al salir de un recodo, que nos llevó directo a una caballeriza, en la que nos encontramos a una joven alta, rubia, de grandes ojos azules, usando un minúsculo biquini, con sus grandes tetas al aire, cepillando un enorme caballo pura sangre, de color marrón. Mi amiga, y las chicas se saludaron, muy afectuosamente, demasiado pensaba yo. Y después de que me presentó, nos despedimos, y seguimos andando. A los pocos minutos, y cuando ya la chica no nos veía, o podía oírnos, mi amiga me confesó que ocasionalmente la Danesa, y ella se entendían íntimamente. Lo que me dejó algo sorprendida, ya que una cosa es que tú te imagines algo, pero otra muy diferente es, que alguien sin tú preguntárselo te confiese que eso es cierto. Pero por lo que mi amiga me dijo, que desde que la danesa tiene a su nuevo amante, apenas, y la saludaba. Yo inocentemente le pregunté si el esposo de la danesa, la sabe. Mi amiga sonriéndose me respondió. Miraida, claro que lo sabe, él mismo se lo compró. Al decirme eso, me quede bastante confundida, por lo que le pregunté incrédula ¿Cómo que se lo compró? A lo que mi amiga, continuó diciéndome. De seguro viste el enorme caballo, que ella estaba cepillando, y cuando le respondí que sí, mi amiga sencillamente me respondió. Ese es su nuevo amante.


Relato
Yo la verdad es que no le creí, y hasta pensé que yo había entendido mal. De seguro ella se dio cuenta por la cara que debí poner. Porque de inmediato me dijo. Ha no me crees, bien sígueme pero en silencio, sin hacer ruido. Por lo que regresamos por donde habíamos venido, pero un poco antes de llegar a la caballeriza, donde se encontraba la danesa, y el caballo. Mi amiga me hizo señas de que no hiciera ruido, y lentamente las dos ocultas tras un árbol, la comenzamos a espiar. Cuando me asomé, no lo podía creer, la danesa que se encontraba de espaldas a nosotras dos, se había quitado la braga del biquini, y estando totalmente desnuda, primero se agachó bajo el caballo, y agarrando el miembro del animal, lo comenzó a pasar por entre sus grandes tetas. Luego para mi mayor asombro, se lo llevó directo a su boca, dedicándose a lamer, cual si fuera una sabrosa barquilla de helado, para luego de un corto rato, dedicarse a estar mamándole la verga al caballo, aunque apenas, y le cabía una pequeña parte dentro de su boca. Después se detuvo, y se recostó sobre un banco de madera, bajo aquel animal, con sus piernas bien abiertas, mientras que con sus manos fue dirigiendo el miembro de aquel enorme equino, dentro de su depilado coño. Y a pesar de estar a menos de unos seis metros, viendo como la rubia movía sus caderas, con cara de una enorme satisfacción, introduciendo una, y otra vez, gran parte del miembro de aquel animal dentro de su coño. Yo, les repito, no lo podía creer. Por un buen rato, mi amiga, y yo estuvimos espiándola en silencio, viendo como aquella enorme verga, la penetraba una, y otra vez. Hasta que la danesa evidentemente estaba disfrutando un tremendo orgasmo, y casi de inmediato salió una gran cantidad, supongo que del semen de aquel animal, que comenzó a derramarse de su coño, chorreando por sus muslos y piernas. Bueno mi amiga, y yo, sin hacer ruido de inmediato regresamos a su casa, y sin dejar de sentirme sorprendida, no dejaba de preguntarle a mi amiga, como era eso posible, ya que aquella cosa, me pareció más larga, y gruesa que mi mismo brazo. Bueno después llegaron su esposo, y mi novio. Ninguna de las dos, dijo o comentó nada al respecto. Pero desde ese momento, no dejaba de preguntarme a mí misma ¿cómo era eso posible? cuando en la noche, mi novio, y yo nos fuimos finalmente a la cama, a medida que él me comenzó a penetrar, no podía dejar de pensar, en cómo se sentiría tener sexo con semejante animal, tal, y como la Danesa lo hizo con aquel enorme caballo. Cuando regresamos a nuestra casa, sin comentarle nada a mi novio, me moría de curiosidad, y hasta me obsesioné por saber, como se sentiría tener sexo con un caballo. Tanto que hasta busqué en la red información, al respecto. Lo que yo no me esperaba, es que fuera tanta. Relatos, consejos, comentarios, fotos, y hasta vídeos. Tanto de hombres, como de mujeres, que se dejaban penetrar, no tan solo por caballos, sino que también por perros, y otros animales, incluso burros, y hasta cerdos. Lo que lejos de calmar mi gran curiosidad, la aumentó. Al punto, en que en ocasiones, hasta soñaba despierta, y fantaseaba con llegar a tener sexo, con un caballo. Yo estaba tan obsesionada con esa idea, que un día en que fui a comprar algo a la ferretería, fue cuando vi un tubo de PVC de unos cinco o seis centímetros de ancho, y lo primero que se me vino a la mente fue que si le colocaba un tapón, bien podía servirme para experimentar. Así que compré como medio metro de ese grueso tubo, y el correspondiente tapón, y apenas llegué a casa, como estaba sola me lo llevé al baño, y recostada en la tina, después de lavarlo bien, lenta y suavemente comencé a introducirlo dentro de mi coño, hasta donde ya no podía más. Así que por un tiempo, cuando me comenzaba a sentir algo ansiosa, si estaba sola en casa, no lo pensaba dos veces para penetrar mi coño con aquel caño. Soñando despierta, que se trataba de la verga de un caballo. Después de varias semanas, practicando eso casi a diario, sin que mi novio se diera cuenta. Pero una tarde por poco mi novio me descubre, ya que llegó más temprano a casa, de lo que yo lo esperaba, en esos momentos me encontraba recostada en la tina, con mis piernas bien abiertas, y con gran parte de ese tubo de PVC, metido dentro de mi coño, imaginándome tenía la verga de un caballo. Del susto que me llevé, terminé por deshacerme de mi juguete. Por lo que durante varias semanas, no hice otra cosa que soñar despierta, lo que afectó mi rendimiento en la universidad, y la relación con mi novio. Cuando finalmente, sin más ni más, él decidió terminar conmigo. A raíz de nuestra separación, yo regresé a casa de mis padres, y me encontraba algo deprimida. Al llegar las vacaciones, mis padrinos me pidieron que les cuidara su casa en la hacienda, mientras ellos se iban de crucero por varias semanas. Así que me fui sola, a pasar mis vacaciones, a la casa de mis padrinos. Encontrándome la sorpresa de que recientemente habían adquirido unos cuantos caballos, los que en las tarde uno de los empleados de mis padrinos, los guardaba en los establos. Así que me di varios tragos de ron, me armé de valor, y para zacear mi curiosidad, esperé pacientemente que los empleados de mis tíos se marcharan, y después de que cayó la noche, me dirigí a los establos. Únicamente cargaba puesta una pequeña toalla, alrededor de mi cuerpo, sin más nada abajo. Ya dentro del establo, por un rato estuve observando a los caballos, hasta que me decidí por uno, el más pequeño de todos, ya que además se veía más tranquilo, que los demás. Luego busqué algo donde recostarme, y lo llevé cerca de ese pequeño caballo. Así que después de quitarme la toalla, completamente desnuda, me acerqué, y suavemente lo comencé a cepillar, tal y como había visto a la danesa hacerlo con su caballo. En algunos momentos, pegaba mi cuerpo al suyo, a medida que seguía pasando el cepillo, y poco a poco me fui agachando a su lado, hasta que con una de mis manos comencé acariciar su miembro, que comparado con el del caballo de la Danesa, era más pequeño, y no tan grueso, pero a medida que lo seguí acariciando en cosa de pocos segundos vi cómo se fue alargando y poniendo duro, pero aún era de menor tamaño que el caballo de la Danesa. Así que con un poco de agua lo fui limpiando, quitando cualquier rastro de orine que tuviera, y una vez que me pareció que estaba bien limpio, tímidamente me di a la tarea de ir acariciándolo, y posteriormente lamiéndolo. Hasta que finalmente me lo fui llevando a la boca, para dedicarme a mamar. Lo que me asustó un poco fue el escuchar a los otros caballos, que parecían algo alborotados, relinchando con fuerza, y uno que otro pateando las puertas. Luego supe que cuando huelen, que hay sexo en el ambiente, se comportan así. AL principio como que no le vi la gracia a eso, pero al sentir entre mis dedos y mi boca, como su sangre era bombeada por todo aquel inmenso miembro, descubrí el particular placer, de estar haciendo eso. Hasta que consideré que ya le había estado mamando por un buen rato la verga a ese animal. Y sacando su verga de mi boca, coloqué el pequeño banco bajo su cuerpo, sobre el cual me recosté, y separando mis piernas, agarré aquella enorme verga y la dirigía directo a mi coño. A medida que fui dirigiendo la verga del caballo, entre mis piernas, comencé a sentir su calor, y como apenas había comenzado a penetrarme, mi vulva se iba abriendo, tragándose todo aquel buen pedazo de carne. En esos momentos creo que me volví loca pero de placer. Sentía aquel pedazo de carne, tensándose divinamente dentro de mi cuerpo, por lo que comencé a restregar mi coño con más fuerza, contra su miembro. Una y otra vez. En esos momentos, en gran medida mi curiosidad había quedado satisfecha, pero el placer que me producía, era algo casi morboso. Ya que me imagino lo que la gente diría si se enterase de lo mucho que me gustaba el sentir semejante cosa dentro de mi cuerpo. Yo chillaba de placer, y no dejaba de mover mis caderas, hasta que finalmente, sentí una especie de caliente chorro que inundaba todo mi coño, chorreándose por mis muslos, al hacer que el caballo se viniera, por completo dentro de mi coño, lo que me hizo disfrutar de un increíble orgasmo, como no tienen una idea. Yo estaba súper excitada, tanto que sin pensarlo mucho, nuevamente me puse a mamar su gran verga, y no me detuve hasta que soltó otro gran chorro de semen nuevamente, pero sobre mi cara y mis tetas. Por lo que gran parte de eso, me tragué gustosa, satisfecha, y muy feliz de haberlo hecho. Tras lo cual yo quedé agotada, y oliendo a caballo, y tal como me encontraba regresé a la casa, sin tan siquiera acordarme de ponerme la toalla. Ya en la casa me di una buena ducha caliente, para quitar de mi cuerpo el olor de aquel animal, me lavé hasta con una solución de vinagre, y al llegar a la cama, caí dormida como un tronco. A la mañana siguiente, pasé por la caballeriza, y uno de los trabajadores, le decía al otro. Parece que el poni anoche como que se vino, yo no pensé que ese caballito tan viejo, aun le quedasen ganas, lo mejor es que le pongamos el casco con clavos, para que no lo agarré de costumbre. AL escucharlo me dio curiosidad por saber qué era eso del casco con clavos, y cuando se lo pregunté al encargado, me dijo. Es un aparato que se le pone a los caballos para evitar que se... y en ese momento se quedó callado, como buscando en su mente la palabra apropiada, hasta que dirigiéndose a su compañero le preguntó ¿Qué es lo que evita el casco? Y su compañero, sin darse cuenta de que yo estaba presente, le respondió. Es para que no se hagan la paja o puñeta. Entonces el que estaba hablando conmigo, me dijo. Es que estos animales son muy briosos, y cuando su cosa comienza a crecer, al sentir los clavos, se recoge, y así se evita que se hagan eso....Yo el resto del día me lo pasé visitando el pueblo. Pero apenas cayó la noche, esperé que los tres empleados se marchasen, y nuevamente tras quitarme toda mi ropa, y envuelta en otra toalla, me dirigí a las caballerizas. Yo pensaba meterme en la jaula de un caballo tan grande como el de la danesa, pero al ver aquel inmenso miembro la verdad es que me dio miedo, y en su lugar, centré mi atención en otro caballo, un poco más pequeño, pero más grande que el poni, de la primera noche. Fue cuando vi en el piso del establo, la otra toalla que yo había olvidado recoger. Pero no le di importancia, así en lugar de meterme donde se encontraba el animal, lo saqué a la parte de afuera, al fin y al cabo no había nadie que me fuera a ver. Y tras asegurarlo como cuando lo van a herrar, busqué el pequeño banco de madera, y luego de eso comencé a cepillar a ese caballo. Pero a la luz de la luna, ya a los pocos segundos, apenas pegué mi cuerpo desnudo al suyo, me di cuenta de que el miembro de ese caballo ya estaba fuera, y con fuerza lo golpeaba contra su propio cuerpo. Comencé por tranquilizarlo, a medida que no lo dejaba de cepillar, y poco a poco me fui agachando, oliendo su cuerpo, hasta que agarré su caliente verga, en esos momentos ya no me importó mucho el olor, ni el sabor a orine, que comencé a sentir al ponerme a lamer, y posteriormente meterme una pequeña parte de su miembro dentro de mi boca. Si el caballo estaba algo nervioso, yo lo estaba más, mejor dicho sentía un desespero enorme por sentir su miembro introduciéndose dentro de mi coño. Así que aunque traté de controlarme, finalmente coloqué el banco bajo su cuerpo, y agarrando su enorme verga la dirigí a mi coño. Ya con buena parte de ella dentro de mi cuerpo, sentía como prácticamente me levantaba. Y fue cuando se me ocurrió, que en lugar de recostarme boca arriba debía quitar el banco. Tal y como si realmente fuera una yegua. Por lo que apenas retiré la verga de mi coño, el animal se volvió a poner bien nervioso, hasta que tras colocarme bajo él, fácilmente volví a enterrar parte de su verga dentro de mi coño. Eso me permitió, mover más y mejor mis caderas, y sentir aún más dentro de mi aquella sabrosa verga, que llenaba casi por completo toda mi vagina. Sentía sus fuertes empellones, su fuerte olor, haciéndome gritar y gemir de placer, como una loca. Hasta que por la fuerza de sus constantes golpes contra mi coño, me hizo disfrutar de otro increíble orgasmo, al tiempo que un fuerte torrente de su semen chorreaba por mi coño, y muslos. Lo cierto es que quien me hubiera llegado a ver, de seguro no le quedaría la menor duda de que yo debía estar completamente loca. Yo apenas retiré su verga de mi cuerpo, me quedé agachada, chupando su verga extrayendo, y tragándome gustosamente hasta su última gota de semen. Esa noche al regresar a la casa, tuve el cuidado de volver a dejar todo como estaba, incluso hasta recogí la toalla que se me había quedado la noche anterior. Al siguiente día, sencillamente no pasé por la cuadra, me dediqué a descansar, tomando el sol con mi biquini, en el patio trasero de la casa, lejos de las indiscretas miradas de los trabajadores. Y mientras tomaba el sol, de ociosa, me puse a pensar, como sería dejar que uno de esos animales me diera por el culo, tal y como lo hacía mi novio en ocasiones, desde luego antes de que rompiera conmigo. Fue cuando me acordé de haber visto un vídeo, donde un tipo, dejaba que un potro, le enterrase la verga por el culo. Así que cuando volvió a caer la noche, y esperé que los empleados se marchasen, regresé envuelta en una toalla a las caballerizas. Con bastante precaución comencé a cepillar al pura sangre, pero después de un rato, ya me encontraba felizmente penetrada por aquel bello ejemplar, sin necesidad de banco alguno. Ya que me di cuenta de que no me hacía falta, si me colocaba de espaldas a él. Su verga llegaba cómodamente, hasta bien adentro de mi coño, y cuando comenzó a empujarla una, y otra vez, lo que para mí fue un verdadero placer. Aunque no dejé de pensar en que en algún momento me gustaría sentir alguna de esas cosas, por mi culo. Yo esa noche, disfruté tanto, y quedé tan agotada, que me quedé dormida entre las patas del animal. Y por poco, los empleados de mis tíos, me descubren durmiendo, completamente desnuda, y llena de su semen por todo mi cuerpo. Bueno así pase varios días, dejando que ya fuera uno u otro de los caballos me hicieran sentir sumamente feliz. Incluso, una de esas noches dejé que el viejo poni, me diera por el culo, para no decir después, que me quedé con las ganas de probarlo. Pero pocos días antes de que regresaran mis tíos, quizás por estar tan envuelta, en tener sexo como una loca, con los caballos. Me di cuenta una tarde, que mientras que yo tomaba algo de sol únicamente con la braga del biquini, que los trabajadores, me estaban espiando ocultos tras el portón, que separa el patio trasero de la casa, del resto de la propiedad. En ese momento, se me ocurrió hacerles una travesura, por lo que actuando como si no me hubiera dado cuenta de su presencia, me terminé de quitar la braga, quedando totalmente desnuda, separando mis piernas, para que vieran mi depilado coño completamente abierto. Además en otras ocasiones, cada vez que yo pasaba cerca de ellos, se me quedaban viendo de una manera, que no me quedaba la menor duda de que los tres tenían ganas de acostarse conmigo. Por lo general, yo andaba por toda la hacienda, con unos pantaloncitos extremadamente cortos, o me ponía una minifalda, que sin ser mi intención mostraba gran parte de mis nalgas. Cuando no era, que andaba con mi ajustado, y pequeño biquini, que da la impresión de que en cualquier momento se me salen las tetas. Bueno una de esas mañanas en que me había levantado algo tarde, y tras desayunar, me puse el biquini, y me fui a nadar a un estanque cercano a la casa, cuando regresaba a la casa, al ver su gran interés en mí, se me ocurrió de repente invitarlos a los tres a cenar. Al principio uno de ellos, dijo que no se atrevía ir a cenar a casa de los dueños, pero nada más bastó que yo se lo pidiera de manera algo seductora, para que fácilmente aceptase. Así que después de que fui a la peluquería del pueblo, y compre lo que iba a preparar de cena, regresé a la casa, y preparé un sencillo plato de espaguetis, con una de esas salsas que vienen en frasco. Yo por mi parte me puse algo que me hacía ver sumamente seductora, pero al mirarme al espejo, me dije a mi misma. Si me ven así, no se van a atrever ni tan siquiera a entrar a la casa. Por lo que en su lugar de quedarme así vestida, me quité toda la ropa, incluso hasta me quedé descalza, desbaraté el gran peinado que me había hecho en la pequeña peluquería, y con el cabello completamente suelto, nada más me puse una pequeña batas de mi madrina, con nada más que mi braga, y sostén semitransparentes de color negro. Luego busqué un par de botellas de ron, y las coloqué en la mesa. Por lo que los tres apenas llegaron, los invité a cenar, y mientras los cuatro fuimos comiendo la pasta, yo comencé a servirles, y a tomar ron, con ellos. Por lo que después de un corto rato, a medida que seguíamos comiendo, comenzamos a charlar, como si nos conociéramos de toda la vida. Así fue que me enteré, que la mujer de Jacinto el más viejo de los tres, hacía un mes se encontraba en casa de su hija, ayudándola ya que había dado a luz. Elíseo, el otro de los trabajadores, su mujer que está embarazada, se encuentra en su séptimo u octavo mes, y el tercero, y Manuel más joven, era soltero. Yo por mi parte me inventé un cuento, y les dije. Que yo había terminado con mi novio, porque él era muy celoso. Y todo porque me encontró, una noche en su casa, acostada con su mejor amigo. Los tres se sonrieron, y mientras me daba un trago les continué diciendo. Que reconocía que en esa ocasión, yo había bebido un poco, y la verdad es que había regresado de una fiesta, a la que fui sin mi novio. Pero estando en casa de mi novio, llegó su amigo, este me comenzó a decir lo linda que yo era, y luego me comenzó a besar, y a tocarme por todas partes, rogando que me acostase con él, y como, yo no supe cómo decirle que no, terminamos metidos en la cama. Creo que después de haberles hecho ese cuento, bastó para que entre los tres, constantemente siguieran sirviéndome tragos de ron, y haciéndome veladas insinuaciones, pero sin decirme directamente que deseaban acostarse conmigo. Así que al poco rato, visiblemente mareada, al terminar de cenar, los invité a pasar a la sala, y puse algo de música, supuestamente para seguir charlando. Pero descuidadamente, dejé que algunos de los botones de la bata se quedasen abiertos, permitiendo que los tres se dieran cuenta de que bajo aquella corta bata, apenas y tenía puestas la braga, y el sostén. Así que ya en la sala, seguimos charlando, y contando chistes. En cierto momento me pareció que el ambiente se estaba poniendo aburrido, y se me ocurrió decirles que me provocaba bailar. Eso bastó para que Manuel, el más joven me invitase, y así a medida que fuimos bailando, yo meneaba mis caderas de manera bien provocativa, por lo que al poco rato el viejo Jacinto también quiso bailar conmigo, pero a diferencia de Manuel, al mismo tiempo que me apretaba con fuerza contra su cuerpo, fue deslizando sus toscas manos por sobre la bata, hasta mis caderas, y nalgas, sin que yo le dijera, o hiciera algo para impedírselo. En ese momento me pareció, que Elíseo el que tiene a su mujer preñada, como que pensó que eran demasiados, para mi sola, por lo que comenzó a despedirse. Así que le pedí a Elíseo que antes de irse bailara conmigo, y apenas me apretó entre sus brazos contra su cuerpo, me di cuenta, aun por encima de la tela de su pantalón, de lo dura que ya tenía su verga. Pero viendo que ninguno de los tres, se atrevía a decirme nada directamente, quizás por miedo a que los fuera a rechazar. Mientras aun bailaba con él, y me daba un trago, que Jacinto me había dado. Se me ocurrió quejarme del calor que sentía, y antes de que alguno de ellos me dijera algo, al tiempo que dejé caer la pequeña bata a mis pies, diciendo. Espero que no se sientan incómodos, pero que tengo tanto calor, que lo que me provoca es estar casi desnuda. Los tres se quedaron con la boca abierta, clavando sus ojos en mi depilado coño, que a pesar de la pequeña, y transparente braga negra que tenía puesta, se veía claramente. Pero aun y así, los tres no reaccionaban como yo esperaba, hasta que a Elíseo se le zafó decir, mientras aún me sujetaba entre sus brazos. Que le gustaría enterrarme toda su verga. Por lo que yo, sonriendo, terminé de quitarme la braga, y el sostén, y dirigiéndome a los tres, Les dije. A mí me encantaría, que los tres me la enterrasen. Incrédulos, los tres seguían viendo mi depilado coño, hasta que Manuel de manera bien inocente me preguntó, señalando mi coño, diciendo. Eso se lo hizo el caballo. De momento lo que le respondí, fue. No, yo misma acostumbro a depilarme semanalmente, pero al ver cómo, que no me entendían, se los volví a repetir, pero diciéndoles. Yo misma acostumbro a afeitar mi coño, por lo menos una vez a la semana, para sentirme mucho más fresca. Y al terminar de decirles eso, fue que caí en cuenta, de que seguramente Manuel, me había visto dejándome follar por alguno de los caballos, aparte de que también de seguro me vio mamando su verga, y seguramente se lo contó a los otros dos. En ese mismo instante, si yo tenía algo de vergüenza, desapareció por completo, ya que me recosté sobre el sofá de la sala, y separando mis piernas mostrando mi abierto y depilado coño, les dije. El primero, me da por el coño; el segundo, al mismo tiempo, quiero que me dé por el culo; y al tercero, se la mamo. Casi de inmediato Elíseo saltó sobre mi cuerpo, seguido por Jacinto. En cosa de pocos segundos ambos se han bajado o quitado los pantalones, y casi de inmediato me comenzaron a penetrar con sus vergas, mientras que Manuel, apenas los otros dos ya me tenían bien clavada, se fue acercando con su parada verga en la mano, la que comencé a mamar apenas estuvo al alcance de mi boca. El resto de la noche disfruté de múltiples orgasmos, además de cómo me acariciaban, y besaban todo mi cuerpo todo, mientras los cuatro seguíamos bebiendo. En una de esas en que terminaba de lavar mi coño, y mi culo, y me disponía ponerme a mamar la adormilada verga de Jacinto, creo que por segunda o tercera vez. Cuando Manuel me pidió que le dijera a sus compañeros. Que era cierto que él, me había visto siendo follada por uno de los caballos. Yo en medio de mi borrachera, me sonreí, y poniendo cara de seria, le dije. Yo no voy a decir semejante cosa. De inmediato el pobre chico, me pareció que se sintió avergonzado. Pero continué hablando, y les dije a los tres. Yo no voy a decírselos, se los voy a demostrar. Y poniéndome de pie, tal como me encontraba, completamente desnuda salí de la casa, dando tumbos me encaminé a las caballerizas. Seguida bien de cerca por los tres. Apenas entramos en la caballeriza, los animales se pusieron nerviosos, y comenzaron a relinchar. Así que sin pensarlo mucho, me dirigí al pura sangre, y tras ponerme a cepillar su cuerpo, para que se quedase tranquilo, a los pocos segundos ya tenía toda su verga por fuera. La que agarré gustosa entre mis dedos, y agachándome, de inmediato me puse a lamer, y mamar frente a ellos tres, que no dejaban de verme con cara de asombro. En esos momentos, frente a los tres, dejé que nuevamente el pura sangre me penetrase. Y mientras el caballo seguía clavándome su tremenda verga dentro de mi coño, y yo movía mi cuerpo, no dejaba de chillar, y gemir de placer, hasta que luego de un rato, disfruté de otro intenso orgasmo, al tiempo que el semen de aquel brioso animal comenzaba a desbordarse de mi coño, chorreándose por mis muslos, y piernas. Cuando finalmente me separé del caballo, entre los tres me ayudaron a regresar a la casa, dejándome tirada sobre la cama. Para luego seguramente marcharse, cada uno a su casa. Al despertarme ya cerca del mediodía, me di una buena ducha por todo mi cuerpo, me lavé tanto mi coño como mi culo, hasta que estuve bien segura, de que ya no olía a caballo. Luego comí algo, y con un ligero dolor de cabeza salí de la casa, envuelta en una corta toalla, volví a ver a Jacinto. Que me dio los buenos días como si nada, lo mismo que hicieron Elíseo, y Manuel. Luego regresé a la cama, y me volví a quedar dormida, hasta que ya había comenzado a oscurecer. Fue cuando me puse a pensar, en todas las locuras que yo había hecho, por curiosa, desde que llegue a casa de mis padrinos. Incluso en dejar que la noche anterior, esos tres empleados hicieran conmigo lo que les dio la gana, aparte de permitir que me vieran follando con un caballo. Pero lo mejor de todo era que me sentía, de lo más bien, y poco me importaba lo que pudieran pensar de mí. Esa noche, y la siguiente, completamente desnuda, sin tan siquiera usar una toalla, volví a la caballerizas. Para nuevamente volverme loca, disfrutando de las vergas de varios caballos, en una sola noche. El olor, y sabor de su sudor me embriagaba, el sentir su pelaje contra mi cuerpo, además el tener sus vergas entrando y saliendo de mi coño, me excitaba tanto, que no tienen idea. Incluso hasta les volví a mamar varias veces sus vergas, para tragarme gran parte de su semen. Cuando volví a casa de mis padres, me dijeron que mi ex novio me había estado buscando como loco. Así que cuando lo llamé, lo primero que me dijo fue que deseaba casarse conmigo. La verdad es que estuve a punto de decirle que no. Hoy en día ya estamos casados, aunque ignora todas las locuras que hice. Abandone los estudios, y cuando a mi esposo le toca irse de viaje,. Me ofrezco a cuidar la casa de mis padrinos. Divirtiéndome mucho, ya que dejó que los caballos, y los peones me monten.

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