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Mi masajista me enseña a gozar

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Relato enviado por : JuliusCaesar06 el 07/07/2008. Lecturas: 5683

etiquetas relato Mi masajista me enseña a gozar .
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Resumen
Despues de la primera vez se abrio un amplio camino que quisimos empezar a recorrer


Relato
Después de ese día lleno de emociones, sensaciones y decisiones postergadas finalmente cumplidas, continuamos con Ricky en nuestro curso de masajes. No tocamos el tema sino muy discretamente, quizás con temor de poner en peligro una nueva oportunidad que los dos secretamente deseábamos. Yo ya les dije que no soy gay y si lo fuera lo diría. Las mujeres me siguen gustando con locura, pero ahora también me gustaba lo que habia ocurrido con Ricky. El, por su parte, nunca me había manifestado sus preferencias sexuales pero creo que él si era gay, por su amable indiferencia con nuestras dos compañeras, por su preferencia a trabajar conmigo, por su cariñoso amaneramiento que no llegaba a ser desagradable sino todo lo contrario. Sus masajes en las prácticas eran intensos pero dejaban traslucir también caricias, deseos y sensaciones más alla de lo meramente profesional. A su vez, cuando era yo quien debía masajear, mi mente y mi imaginación volaban en cuanto lo tenía en la camilla para mí. Se cuidaba de mantenerse perfectamente depilado, completamente, al punto de parecer lampiño. El suave perfume de las cremas con que se untaba dejaban flotar en el ambiente un aroma indefinido, nada excesivamente masculino o femenino. Verdaderamente, su discreción era muy agradable ya que podíamos ser sugerentes sin hacerlo evidente ante el resto del grupo. Por la tarde, al terminar, solíamos caminar unas cuadras hasta donde debíamos tomar nuestros transportes y a veces parábamos en algún café cercano. Una de esas tardes, fría, nos metimos en un barcito a tomar algo caliente. Sin un propósito determinado le tomé una mano adivinándosela fria. En broma le dije: Si llegaras a ponermela encima ahora creo que salto hasta el techo. Mi miró con su mirada cariñosa y me dijo: Con tal de poner mis manos encima tuyo ahora mismo las meteria dentro de un brasero.
Una súbita revolución me agitó por dentro. Me pregunté urgentemente si yo mismo deseaba en ese momento sentir sus manos sobre mi cuerpo. El sí me borboteó junto con una exquisita opresión en la entrepierna. Le pregunté si tenia tiempo de atenderme en su casa ya que aun era temprano, o quizás podríamos al dia siguiente. Creo que con el solo fin de dejar que nuestros ardores crecieran me dijo que en ese momento no podría porque tenía un paciente pero que al día siguiente, como la vez pasada, a eso de las diez, me esperaba. Y soltó: Me gusto mucho que vinieras tan limpito, por fuera y por dentro también. Desde ese día espero para gozarte mucho más con mi lengua y mis labios. Casi crei que me perdía. Las llamaradas me quemaron por dentro con fuerza, pensando en las horas que me separaban de nuestro encuentro.
Dejamos ahi el asunto y salimos del bar. Nos separamos y quizás para defenderme un poco, me puse cerca de una linda mujer, de unos cuarenta años, y canalicé mi libido imaginándome entre sus pechos, lamiendo sus pezones. Si, me seguia gustando, sin dudas. Esa noche dormí profundamente.
Al día siguiente segui con mi rutina habitual, intentando no ponerme ansioso. Me duche por dentro y por fuera, me aseguré que todo estuviera bien y como un detalle amable para Ricky me puse un poco de gel brillante con sabor a fresa en mi hoyito, para que su primera impresión, segun como ocurrieran las cosas, fuera agradable. Por otra parte, lo que más disfrutaba yo era la sensación de que me iban a ocurrir cosas excitantes pero no queria estar ansioso ni preprogramarme. Que cada cosa me sorprendiera.
Golpee suavemente a su puerta después de pasar por la incómoda seguridad de su departamento y al instante sentí sus pasos acercarse. Entreabrió la puerta con el seguro y al verme cerró y la abrio ya de par en par. Para no despertar sospechas, nos saludamos con un apreton de manos, como el paciente con su terapeuta y pase al interior. El ruido de los pasadores de la puerta puso el clima en su justo punto de seguridad, a sabiendas que no habría interrupciones forzadas. Con mirada cómplice tomo el cable del teléfono y lo desconectó a la vez que apagaba el celular. Hice lo mismo con el mío y sacándome el abrigo me fui a sentar al sillón. Charlaríamos quizás antes de ir al gabinete. O no. Ricky acercó una bandeja con café recien hecho y tomamos una tacita mientras hablábamos del curso, nuestras compañeras y otras liviandades. No teníamos demasiado decidido si lo que haríamos sería una sesión de práctica con libertad absoluta para seguir más alla de cualquier barrera o bien nuestro encuentro era para tener una intensa sesión de sexo entre un bisexual y un homosexual no declarado. Quizás era más comodo pensar en lo primero y asi debe haberlo pensado Ricky porque estaba con un ambo naranja, bastante transparente, con sus boxers más oscuros conteniendo su delicioso equipaje. Asi lo tome también, y como bromeando, le dije que era hora que fuese poniendo sus manos en el brasero si es que queria luego hacerme su masaje poniendolas sobre mi piel. Mientras el llevaba las tazas a la cocina, me indicó que pasara a su gabinete y me fuera preparando. Esta vez, además de la camilla y la mesita con los implementos, había colocado en el piso una colchoneta amplia, más grande y gruesa que las habituales de gimnasia, pero del tipo. Varias almohadas pequeñas completaban el equipo. Me sentí subitamente excitado. Mi febril imaginación dibujó cientos de escenas posibles en tan solo unos segundos. Y todas me gustaron. Al punto que cuando Ricky llegó yo estaba como abstraído. Me explicó entonces que la colchoneta era para elongar y se sonrió. Comencé a sacarme la ropa y él gentilmente me ayudaba, rozándome con sus manos que efectivamente había entibiado en la cocina. Me sostuvo para que me sacara los pantalones y él mismo me quitó los zapatos y las medias, tocándome los pies para ver su temperatura. Yo habia quedado ya en mis calzoncillos tradicionales, no boxers. De ese modo, solo tenía cubiertas mis nalgas y mi polla, que se marcaba abultando por delante. Ricky apenas paso su mirada y guiñándome un ojo me la rozó con el dorso de su mano. Se alejó a buscar sus cremas y yo me acosté boca abajo en la camilla. Hoy ibamos a empezar con un suave masaje relajante y poniéndome sus aceites esenciales comenzó con movimientos suaves circulares por toda mi espalda, ablandando cada nudo hasta lograr que la tensión se aflojara. Como es natural, la relajación también me sumió en un ligero sopor que solo mi deseo impedía que se transformara en sueño. Ricky me hablaba suavemente, preguntandome si me gustaba, que cual movimiento me era más placentero. Buscaba ir llevándome de a poco hacia donde ambos deseábamos. No teníamos apuro alguno. Despues de un rato, cuando la cintura pasó a ser atendida, juguetee con el curvándosela para aumentar la presión de sus manos y el me respondia llevándomela con más fuerza hacia abajo. Un poco a proposito y otro poco naturalmente, yo gemía como si me doliera pero por ahi cambiaba el tono al de placer. Me gustaba sentir como sus manos cambiaban su presión y sus movimientos segun como yo lo hiciera. Cuando ya creia que llegábamos a la parte importante se movió hacia los pies de la camilla y comenzó a trabajar sobre mis piernas, recorriendome con largas pasadas los muslos, las rodillas, las pantorrillas y los pies. Pronto se concentro en los muslos y lubricándose bien las manos, comenzo a masajearlos subiendo por ellos hasta su unión. Yo sentía sus manos a escasos milimetros de mi agujerito y la sensible piel de alrededor, mi pene latía ansioso también, y todo apenas cubierto por la fina tela de un calzoncillo. Empece a sentirme muy excitado y mi cuerpo empezo a responder a ello. Me contorsionaba entre gemidos para lograr que avanzara más y fuera descubriendo mis tesoros y tomando posesión de ellos. No lo hizo y corriendose hacia el costado, tomo de ambos costados el calzoncillo y teniéndome boca abajo, comenzo a tirar hacia arriba. Los elásticos se montaron en las salientes de mis caderas y la tela se hundió en mi entrepierna, abultando el paquete por delante y metiéndose en mi hendidura profundamente, provocándome un intenso escalofrío de placer. Saque mi cola hacia afuera, acercándosela hacia donde Ricky estaba, haciendo fuerza para que la tela entrara más en mi agujerito, provocándolo más. Alli percibió el aroma y el brillo del gel de fresa y metiendo su pulgar debajo de la tela, la separo de mi anito y acercó su cara para ver mejor. Cuando se dio cuenta de que se trataba, acercó más su rostro y separando mis nalgas con sus dedos me pasó la punta de su lengua alrededor de mi hoyito, saboreándolo y cuando le hubo sacado todo el gel, me metió la lengua profundamente. Yo le respondi apretando mi cola contra su boca para que penetrara lo más posible y un gemido de tremendo placer me salio de lo más profundo de mi ser. Ricky me besó el agujerito y continuo masajeandome las nalgas en forma muy natural.
Como en la anterior oportunidad, el calzoncillo era una molestia y sin preguntármelo, comenzó a quitármelo. Yo cerré mis piernas como para que no bajara de mis nalgas y hábilmente se colocó lubricante en su mano y comenzo a recorrer mi hendidura y a acariciar mi ano. Mis movimientos me hicieron retorcer, momento que el aprovecho para quitarme totalmente la ropa. Ahora estaba deliciosa y entusiastamente a su merced. Queria sentir sus dedos recorriéndome. Tenía manos bastante pequeñas para ser hombre y yo trataba de calibrarlas para saber si mi ojetito goloso aguantaria una de ellas adentro. Decidí que si ya que a lo largo de tantos años, le habia metido objetos de los mas variados calibres sin problemas, y esa manito media menos que muchos de los anteriores visitantes. Ostensiblemente sepáré un poco mis piernas para que se sintiera invitado. Con sus masajes el separaba y relajaba mis nalgas mientras rozaba una y otra vez muy agujerito. Yo le respondia abriéndoselo para que el hurgara con sus yemas dentro, le acercaba mis caderas para que forcejearamos para un mayor contacto, de vez en cuando le tocaba su polla endurecida a través del pantalón y se la acariciaba un poco ronroneándole las ganas que tenia de sentirla dentro mio y especialmente en mi boca. Asi entretenidos, el siguió metiendo de a poco sus dedos, de a uno, de a dos, de a tres o de a cuatro, suavemente, y dándome de lamer mis propios jugos anales. Esto me volvia loco de placer. En un momento el también se animo a probarlos y entonces comenzamos a compartirlos. Cuando metía los dedos de una mano, con la otra me masajeaba las nalgas y me lubricaba sin cesar. Finalmente, me dijo que queria hundir su mano en mi interior, y si yo estaba preparado para eso. Por fin me lo decía. Le pedi cuidado y suavidad a la vez que le prometí que sentiría la seda de mis entrañas como nadie lo habia sentido jamás. Ahueco su mano, untándosela con abundante gel y llenó mi hoyito con lubricante. El dedo más saliente, el mayor, comenzó a abrir el camino y Ricky giraba suavemente la mano a medida que los demás se iban acercando y entrando por mi puertita de atras. Para mi era todo placer, ni se me había pasado por la cabeza que mi bien entrenado ojetito pudiera sentir dolor, asi que lo provocaba moviéndome para ayudarlo a dilatarme. Pronto estaban adentro los cuatro dedos hasta los nudillos. No había dolor y Ricky amorosamente me preguntó si queria que siguiese. Por toda respuesta empujé mis caderas hacia su mano para que entrara un poco más. La ahuecó lo más posible y acomodó su pulgar dentro de la palma. estábamos en el instante clave. Si pasaban los nudillos el resto iria fácil. Respiré hondo y haciendo fuerza hacia afuera, empujando con mis nalgas hacia su mano y tomándole su brazo para darle más firmeza, di mi empujón y su mano paso por mi esfinter. Pronto mi hoyito se readaptó al tamaño de su muñeca y me sentí inundado por esa mano que se movía suavemente para no lastimarme haciendome correr oleadas de fuego. En ese momento comencé a sentir una necesidad imperiosa de tener en mi boca la exquisita polla de Ricky. Preferí seguir disfrutando y gimiendo como gata en celo, contoneando mi cuerpo para sentir los roces dentro de mi. Ricky me acompañaba con su respiración profunda, dejando que fuese mi cuerpo el que llevase el movimiento. Le pedí que por favor me hiciera acabar en su boca y que despues me besara para beber mi propia leche. Le brillaron los ojos y se ubicó como para tener mi polla cerca. Sus movimientos dentro de mi ano comenzaron a ser más apasionados y ambos sentimos que yo tardaría poco en eyacular. Le pedi que me dejara la mano dentro hasta que me pasara la agitación y que luego la sacariamos juntos. Asi lo hicimos y sin otra preocupación, me giré boca arriba y mientras el me mantenia firmemente penetrado yo levante mis caderas hacia él, con mi polla hinchada y él se la metió integramente en la boca en el momento en que un grueso chorro de semen caliente me abandonaba y pasaba a Ricky. Cuando los espasmos terminaron, acomodándose para no lastimar mi colita, me acercó la boca. Yo abri la mia y entreabrí sus labios con mi lengua. El los pegó contra los míos y con su lengua empezó a pasarme mi leche, lamiendome el interior de la boca y disfrutando los dos de compartir ese instante tan supremo. Por fin, me puse de costado y recogi mi pierna para facilitar la extracción de la mano. Hice fuerza como para expulsarla y girándola suavemente la fue sacando hasta que al salir los nudillos el resto salio totalmente untada con mis jugos anales y el gel lubricante. Sin siquiera preguntárnoslo, ambos nos unimos para lamer su mano y sus dedos hasta dejarla limpita, sellando la union con un profundo beso con sus dedos dentro de nuestras bocas.
Ricky me acarició mi cara, roja por tanto esfuerzo y con delicadeza me ayudó a levantarme fijándose que estuviera bien, y me llevo de la mano hasta la colchoneta donde me recostó. Bajó un poco el nivel de la luz y silenciosamente comenzó a desvestirse. Primero la chaqueta del ambo. Al sacársela emanó ese perfume suyo tan especial que me hizo abrir los ojos para mirarlo. Luego se sacó las sandalias, se quitó el pantalón y por último se fue sacando despaciosamente, mirándome a los ojos, el boxer. Si sus ojos miraban los míos, los míos miraban su adorable verga que se iba descubriendo de a poco. Impecablemente depilada, brillosa, con su capullón grueso y su tronco venoso. Sus hermosos huevos colgaban apenas y yo solo tenia ojos para imaginar todo eso dentro de mi boca. O por que no, nuevamente en mi colita. Necesitaba un respiro todavía asi que Ricky se recostó a mi lado y acomodó entre mis nalgas su bella pija. Con sus manos jugaba con mi pelo y me besaba calidamente en la nuca. Luego sus manos comenzaron una vez más a recorrer mi cuerpo para volver a excitarlo, algo que no iba a tomarle mucho trabajo. Le dije sin tapujos que necesitaba sentir su verga en mi boca pero el me dijo que la tendría un poco después, que quería hacerme sentir otras sensaciones. Como venían las cosas, eso era garantia de placer asi que lo dejé hacer a su gusto. Ya bien repuesto y con ganas de volver al juego, Ricky me hizo poner boca arriba en la colchoneta. Puso sus rodillas a ambos lados de mi cara dejandome colgar justo sobre ella su ansiada polla con sus exquisitos huevos. Pensé que eran para mi ya pero me equivoqué. El mantuvo mis hombros contra la colchoneta y alejaba su tesoro de mi boca cada vez que quería estirarme para besarla, lamerla, engullirla. Entendí que no me dejaría en ese momento entonces lo deje seguir haciendo. Fue bajando a lo largo de mi cuerpo con sus manos mientras besaba mi vientre y mi desfallecida verga. Me tomó por debajo de las rodillas y levantó mis piernas flexionándolas. Esta posicion ya ponia de nuevo mi ojetito al descubierto por lo que me interesó lo que siguiera. Ricky tomó mis pantorrillas y fue estirandome las piernas hacia atrás hasta que quedaron apenas flexionadas y se las colocó debajo de sus axilas. De este modo las tenia bajo control, me tenía inmovilizado, me tenía con mi culito en plena exposición y sus manos y boca libres para hacer con él lo que quisiera. también tenia el control sobre la distancia de su verga a mi boca con lo que manejaba a su gusto cuanto y como me daria de comer de ella. Cuando me di cuenta de esto me excité tremendamente. Quería que me poseyera y me hiciera gozar, gritar, gemir y pedir más y más. Comenzó pasando sus pulgares juntos iniciando en mis muslos, pasando por mi pene y recorriendo mi canaleta tocándome bien el agujerito para que se abriera pidiendo ser penetrado. Bastaron dos o tres pasadas para que mi hoyo desesperado y angustiado pidiera que sus dedos se sumergieran dentro mio. Dilatado como estaba, entraba y salia lo que Ricky quisiera cosa que aprovecho para arrimar mi cola a su cara y hacerme un infernal juego con su lengua, metiéndola y sacandola rápidamente y poniendome a gemir y gritar pidiendo más, por favor, más. Me lamió todo el pene, los huevos, se lo metio en la boca, me penetró con los dedos y la lengua, me beso el hoyito, me volvió a penetrar hasta que le pedi que por favor me metiera su poronga o me iba a morir. Ese era el momento que esperaba. Se giró rapidamente y separándome las piernas y poniéndoselas sobre los hombros, me penetro de un solo golpe hasta lo más profundo de mis entrañas. En mi delirio yo le pedia que me metiera también los huevos pero eso no era posible. No iba a terminar esto ahi. Yo queria sentir su leche en mi boca y se lo pedí. Otra vez su sonrisa cariñosa y mirándome comenzo a meterla y sacarla a un ritmo creciente. Mi colita se estremecia de placer y comence a sentir como se le ponia la verga rigida preanunciando la explosión. Unos instantes antes me desmontó, se giró nuevamente y ahora sí dejo bajar sus caderas hasta que su capullo primero y su tronco entero despues entraron integros en mi boca. Los ultimos movimientos y su cálido semen comenzó a derramarse dentro de mi mientras lo saboreaba con un placer desconocido. Ricky, mientras eyaculaba, mantenia mi verga en su boca besándola dulcemente y acariciandome. Sus dedos rozaban todas las partes sensibles de mi zona anal. Cuando terminamos, ahora si nos acostamos uno junto al otro y dejamos aquietar los cuerpos.
Largo rato después, nos incorporamos y nos tocamos nuestros sexos con delicadeza, como para saber como estaban. Mi ojetito, aunque un poco sensibilizado estaba bien cerrado y mantenia lubricada la puertita asi que unas suaves caricias de Ricky le hicieron saber que todo estaba bien. La hermosa verga de mi terapeuta colgaba semifláccida, ideal para un corto jugeteo con los labios y la lengua, cosa que le regalé con gran gusto. Llegó la hora de vestirnos y nos ayudamos mutuamente, aprovechando para tocarnos un poco más hasta que volvimos al comedor. Ricky volvió a traer café. Recordé que había traido unas obleas bañadas en chocolate. Algo tintineó en mi cerebro y me acerqué al oido de Ricky. Se sonrió y me dijo que si con mucho énfasis. Unos instantes después, me había puesto boca abajo, me habia dejado la colita bien parada y al aire y aprovechando los jugos anales, me habia metido una oblea en el ano y la estaba comiendo desde alli. Mordia el extremo, la sacaba un poquito afuera y volvia a comer. Yo sentía que me derretía de nuevo. Terminada la oblea, me lamió bien el ojetito chocolatado y cuando lo tuvo bien limpio se despidió con una penetración con su lengua. Despues me subio la ropa y tomamos café un rato.
Creo que fue una mañana maravillosa. Cuando nos despedimos habia pasado hacia rato el mediodia. Yo pienso que si tanto placer nos produce a ambos, no hay ninguna razón para dejar de hacerlo. En mi fantasía ya está rondando la idea de hacerlo con un transexual y también con mujeres que quieran jugar el rol de hombre en una relación sexual. No hay nada más maravilloso que el sexo y nada que me haga sentir mejor. Suerte que el curso todavía dura bastante más. ¿Que inventaremos?

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