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Me cogí a una embarazada

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Relato enviado por : gabmam el 28/02/2006. Lecturas: 30013

etiquetas relato Me cogí a una embarazada .
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Resumen
Todo sucedió hace unos meses. Era diciembre. Mi esposa me llamó por teléfono para ver si podía hablar con su secretaria, que estaba muy deprimida, ella estaba embarazada, de cinco meses.


Relato
Todo sucedió hace unos meses. Era diciembre. Mi esposa me llamó por teléfono para ver si podía hablar con su secretaria, que estaba muy deprimida, ella estaba embarazada, de cinco meses. Hacía quince días que la había visto y entonces no la había visto muy triste. La verdad es que siempre me he llevado bien con ella, aunque casi no hablábamos íntimamente. Su nombre es Mayra. Es una chica morena, muy sensual. No os voy a decir si tenía buen tipo o no. Podéis imaginarla cuando me abrió la puerta. Con sus veintiséis años, el pelo más liso y hermoso que de costumbre.
Tenía una barriga que le sobresalía del traje. Estaba muy guapa, con la cara algo hinchada, los labios le aparecían más gordos, los ojos más brillantes. Era alta, y a pesar del embarazo, no había perdido la graciosa forma de las caderas. Se le veía un culito respingón al darse la vuelta. Sus pechos me parecían muy crecidos. En fin, las cosas del embarazo.

Nos sentamos en la mesita del salón y me trajo un café. Pobrecita, lo que debía costarle moverse con aquella barriga. Nos pusimos a hablar de las cosas de la familia de los amigos en común y del trabajo, hasta que tras un leve silencio le solté el consiguiente -¿Y tú? ¿Qué tal?.-
-Pues ya me ves, con esta barrigota. Le estoy temiendo al verano. ¡AY que ver que me va a pillar en abril o mayo!.-
- Es que me ha dicho mi esposa que estabas un poco depre.-

Ella se cayó, no quería hablar, pero al fin me dijo .- Ya, pero es por otra cosa.-
.¡A ver! ¡Cuéntame!.-

- Es que mi marido se ha marchado, me ha dejado con esta barriga y...

Me quedé mirándola sonriendo, invitándole a hablar. Al final se decidió.

-Fíjate que en este estado necesitamos muchos mimos y ahora que estoy sola...

-¡Mayra no te preocupes! Le dije tratando de tranquilizarla

Seguimos hablando y en un momento dado le dije.- ¡Ay! ¡Enséñame la barriga.-

Mayra se levantó la falda y pude ver la faja que contenía su barrigota. Ella debió de ver mi cara de decepción por que enseguida me dijo- ¡Espera!.- y rápidamente vi que se quitaba la faja. Ahora, con la falda levantada veía su barrigota y las bragas enormes. Se sentó y puse mi mano en su vientre. Nunca lo hubiera hecho si ella no hubiera estado preñada.

AL poner la mano me sorprendió la tersura de aquella piel, la acaricié durante un rato. Me agradaba. Sin darme cuenta, la mano a veces bajaba mucho más de lo que debía, pues las bragas habían retrocedido y bajaban hasta la altura de su pubis. Yo sin darme cuenta toqué pelo alguna vez. Rectificaba enseguida, pero volvía a tocarlo inconscientemente.

Me hacía gracia el ombligo que le salía, lo acaricié varias veces. Miré entonces a Mayra. Me quedé boquiabierto, pues Mayra parecía perderse con la mirada entornada. Ya no me atrevía a quitar la mano, aunque me daba cosa seguir acariciándola.

Mayra abrió los ojos y me respondió con la voz entre cortada.- Ay... es que me sientan muy bien los masajes.-

-Estás muy cambiada.- Le dije refiriéndome a su físico.

-¡Ah! ¡Y eso no es todo! ¡Mira!.-

Mayra se desabrochó los botones del traje. De verdad que yo me llevaba bien con ella, pero nunca había tenido esta confianza. Se quitó el vestido y luego se desabrochó un sujetador enorme y se descubrió dos tetas enormes, comparadas con las que tenía usualmente. Encima, los pezones me parecieron grandes. No puedo decir como los tendría antes, pero a mí me parecieron preciosos, como si además, una cera especial les dieran un brillo delicioso.

Al verla así, no puedo explicar o que me pasó. El caso es que le pregunté.- ¿Me dejas?.-

-¡Ay! ¡Pues claro! ¡No seas tonto!.-

Puse mi mano sobre uno de los pechos de Mayra, Era suave, delicioso. Me sentía agradablemente turbado. Tuve una tentación que no pude vencer. No lo entiendo, no me había pasado nunca. Rocé el pezón con los dedos. Vi como se endurecía. Mayra no me decía nada, así que me acerqué más y más hasta tener sus pezones entre sus dedos. Era de un tacto suave, terso y fuerte pero suave. Hubiera deseado comérmelos, pero vencí la tentación y también, poco a poco aparté mis dedos y la mano de los pechos de Mayra.

Eso fue abrir un dique de deseo mutuo, nos fundimos nuestras bocas mientras nuestras manos exploraban territorios enemigos (enemigos?) mi mano hacia sus tetas, y la suya a mi miembro que ya estaba en condiciones de comenzar un ataque, cuando metí mi mano por dentro de su tanga, y solo toque su concha, note lo húmeda, pero eso fue solo un instante por que fue un gemido ahogado y mi mano quedo mojada con su orgasmo, con solo tacto, seguí jugando con mis dedos en su vagina, cuando me dijo que deseaba que la cogiese, con "sumo cuidado" como tu sabes.

Oye, chupa un poco porque me duelen mucho. Me dijo mostrandome sus pezones. Estoy muy dolorida.

— ¿Aquí?

— No hay nadie

— Si pero...

Antes que pudiera decir nada me puso su durísimo e hinchado pecho izquierdo en mi boca. Su pezón estaba tenso, como su aureola y de dicho pezón asomaba el principio de una gotita blanca de su leche.

Aquello me trempó del todo y comencé a mamar.

La escena era de lo más morbosa. Mayra apoyando su espalda al sofa, con su mano izquierda sosteniéndose levemente el pecho y yo semi inclinado mamando aquella leche tan rica. Los gemidos, aquellos gemidos que solo Mayra sabe emitir, parecidos a una queja al mismo de sumo placer, me estaban haciendo sufrir con el constante choque de mi polla en la bragueta.

— Sigue... sigue...

Me decía ella llevándose su otra mano a los cabellos y adelantando el pecho como queriendo aplastarlo más contra mi cara y meterlo más dentro de mi succionante boca.

Aquello me puso muy mal y mis manos, que hasta aquél momento habían estado en su cintura, se fueron directamente debajo de la falda y desplacé su braga hacia un lado para alcanzarle una rajita totalmente mojada. Sus labios estaban salidos, y los líquidos eran más que evidentes.

-¡Bueno, Te voy a enseñar otros cambios, me susurro ella! -

Mayra se puso de pié, se cogió las bragas por los bordes superiores y se deshizo de ellas. Entonces e puso enfrente de mí. Vi su sexo. Aparecía al final de su barrigota. EL caso es que el pubis se le había estirado y el bello aparecía extendido y poco tupido.

-¡Vamos! ¡Toca, toca!.-

Estiré mi mano y acaricié su pubis, de textura tersa, parecido a un coco, pero infinitamente más suave. Adela me cogió la mano para que la tocara sin miedo. Mi mano casi rozó su sexo. Fueron unos segundos larguísimos hasta que Mayra se sentó. Yo pensaba que se pondría las bragas, pero no, se quedó desnuda, sentada en el sillón, con las piernas abiertas y esa barrigota y los dos melones dulces como la miel.

Me fijé en su entrepierna. Tal vez no quería vestirse para que apreciara aquel detalle. Al igual que sus pezones, la piel que rodeaba el sexo estaba más oscura e hinchada. Los labios eran dos colchones. Tuve de nuevo un impulso irrefrenable y extendí mi mano hacia su sexo.-

-¡Ay que ver como se te ha puesto esto, me dijo agarrando mi pija.-

-¿Has visto?.- Me dijo abriendo sus piernas para que pudiera tocar mejor.

Aquello era, no sé como decirlo, era la suavidad, la dulzura. Mi mano ya no se podía separar del sexo de mi cuñada. Ella, por otra parte permanecía con las piernas abiertas y comencé a sentirla respirar fuerte. La miré. Su cara no era precisamente de estar sufriendo. No pude apartar mi mano, y no sólo eso, sino que me puse a acariciarla a conciencia.

Ella como pudo me saco la pija, y trataba de metersela en la boca, ya por sus tetas chorreaba leche, al igual que por su vagina

Mayra echó la cadera hacia delante y quiso meter la barrigota, pero sin éxito. Yo entonces me puse a besar de nuevo la barrigota, pero mis besos acabaron en unos lametones largos que recorrían todo su vientre. Mi lengua pasó un par de veces por encima de su ombligo. Entonces me acordé del tacto exquisito de su pecho en la palma de mi mano y me dirigí hacia ellos, deslizando poco a poco mis labios por su vientre, hasta encontrar los límites inferiores de su pecho, que transgredí y luego, me dirigí hacia sus sobre abultados pezones.

Tomé sus pezones entre mis labios y entre mis dedos, apreté ambos. Los sentí crecer exageradamente, al igual que el clítoris, caliente, entre los dedos de mi otra mano. Me parecía un clítoris enorme y profundo. Mayra se iba reclinando sobre el sofá y terminó totalmente tumbada. No pude por menos que quitarme la camisa y del pantalón y del boxer se encargo Mayra.

Me puse entre sus piernas. Su sexo estaba delante de mí. Decidí obsequiarla con lo más dulce que tenía y me puse a restregar mi pija en su barriga. Sentía el botón saliente del ombligo en la piel de mi pija. Luego decidí jugar con mi pija en su clítoris y en su raja. Ella estaba disfrutando.

EL sexo de mi cuñada apenas se lubricaba. Era debido al embarazo. Pero de pronto me regalo su primer orgasmo:

Ay siiiiiiiii, papi, siiiiiiiii ahhhhhhhhhhhh

Intenté alcanzar sus senos para acariciarlos con mis manos, pero su barriga me lo impedía. Desistí, pero entonces busqué su raja con mi boca, no sin antes pasar mi mejilla por su monte de venus, que me pinchaba como la barba de un hombre.

Le abrí las piernas. Su sexo hinchado se me ofrecía. En medio, un clítoris especialmente respingón. Lo cogí con mis labios, lo apreté como si con ello fuera a sacar de él un rico jugo. Entonces comencé a lamerlo con la punta de la lengua. Los lametones se intercalaban con apretones ligeros y suaves tironcitos que Mayra me agradecía moviendo sus caderas y gimiendo de placer. Entonces, separé sus labios con mis dedos y me puse a lamer toda su raja, de un lado a otro, de arriba abajo.

Mayra me acarició la espalda y los pelos y yo por mi parte, comencé a acariciarme los pechos, para realizando un 69. Ella mientras, alternaba sus caricias sobre mí con manoseos a sus pechos y sentia chorritos de leche por mi cuerpo.

Finalmente, Mayra abrió sus piernas todo lo que pudo, puso los pies sobre el sofá y comenzó a impulsar su coño contra mi cara y yo, intuyendo la proximidad de su orgasmo, le separé los labios del sexo lo que pude e introduje mi lengua dentro de ella, todo lo que pude, moviendo mi cabeza al ritmo que ella misma deseaba, hasta conseguir arrancarle un segundo orgasmo.

- Lo siento. Esto no me ha pasado nunca.- Me dijo un poco avergonzada.

Me incorporé y mientras ella se sentaba en el sofá le respondí, tras besarla en su cara enrojecida.- Ni a mí, cariño, ni a mí.-

Estaba muy caliente, así que antes de que se sentara, la cogí del brazo y tiré de ella hacia el suelo.- ¡Ven para acá, tonta.-

-¡Ay!¡Cuidado!.- Mayra, con cuidado, se sentó en el suelo, y yo, besándola en la boca, la eché contra el suelo, tendiéndonos sobre la alfombra. Nos abrazamos tendidos y por fin sentí el calor de sus senos sobre los míos, aunque su vientre se me clavaba en mi ombligo. Comencé a rozarme con ella y conseguí finalmente meter una pierna entre las suyas. Mi pija se clavó en su sexo, y entonces ella pego un pequeño gritito:

Ay papi, cuidado ayyyyy uhhhggg que es eso, nunca había sentido algo tan grueso entre mi, ayy, me estas partiendo ayyyy mi rajita. Pero luego el dolor se convirtió en placer;
Siiii metemela, ayy siii asíí

Sentía sus manos en mi trasero y yo, las mías en su culo. Nuestros pechos se rozaban y sus pezones, me bañaban de leche materna. Hice un hábil movimiento y me senté en el suelo, con una pierna suya debajo, y la otra, entre mis dos piernas. Así nuestros dos sexos se podían encontrar directamente.

Sentí entonces el calor de sus muslos entre mis muslos y el calor y la humedad de su raja en mi pija. Su pierna más levantada pasaba por delante de mi pecho mientras yo, tenía mi pierna sobre su otra pierna. Yo estaba algo levantado, mientras ella estaba entre tumbada y puesta de medio lado, así que me correspondía a mí aproximar nuestros sexos todo lo que podíamos, sintiendo el calor de nuestras partes, la humedad de su raja mezclarse con mis líquidos preseminales. Apoyé los dos brazos en el suelo y me puse a moverme contra ella, a restregarme. Movía mi cintura en sentido circular. Sentía su raja pegada a mi pija.

Nos estábamos proporcionándonos placer mutuo. Yo estaba muy excitado, pero quería alargar al máximo aquella gozadera. Para colmo, en un momento dado, Mayra pasó su pié por delante de mi cara. No se que pensarán, pero me atrajo poderosamente su pié y lo intenté atrapar. Caí sobre su muslo y lo agarré, pasando mi lengua por la planta de su pié y lamiendo los espacios entre cada dedito.

La excitación de Mayra debía ir en aumento, pues la oía respirar más aceleradamente. Yo estaba a punto de correrme, Solté su pié y coloqué mi mano entre las dos nalgas de Mayra, y empecé a dilatarle su culito, esto la hizo estallar en un tercer orgasmo.. No me hizo falta gran cosa para empezar a correrme dentro suyo, pero tenía suficiente semen todavía para que Mayra se lo tragara, cosa que ella hizo de manera desesperada, y continuo mamandome la verga por cinco minutos más.

Al mirarla, vi como se movía entera, con su barrigota y sobre todo, sus tetazas. Entonces, cuando vi que había finalizado de mamarme la verga, me atreví a introducir el mismo dedo en su raja. Lo hice suavemente, pero no paré hasta que el dedo estuvo introducido totalmente, con el dedo índice y anular presionaba sus labios. Comencé a mover el dedo, no de arriba abajo, sino como un abanico que se cierra y abre, luego lo desplace lentamente hasta su orto, que ya estaba dilatando.

Finalmente, Mayra comenzó a excitarse de nuevo. Lanzaba unos gemidos casi lastimeros. Mi dedo permaneció hundido hasta que me aseguré que su culito estaba listo para mi verga.
Cuidadosamente le levante una pierna y de lado comencé a meterle mi verga, ella trato de separarse, diciendo que por hay no, que nunca lo había ello por ahí, pero yo estaba incontrolable y aprovechando su estado, le empecé a enterrar mi verga, cuando apenas llevaba la cabecita, empezó a gritar y a llorar, de verdad era virgen por el culo, esto me excito mas, y poco a poco empecé a bombear, ella agotada apenas se quejaba y pedía mas; algo así:
No papi me desgarras, pero dale dale, siiiii ayy me matas siiii aaaaahhhhhh mmaaaaas
Y de pronto nos corrimos los dos AHHHHH.

Me tumbé junto a ella. Nos abrazamos. Estábamos sudorosos. Ella más que yo. Nos besamos durante un rato.

Me puse de rodillas. Ella se intentó incorporar. Estaba torpe. Cuando la vi, la cogí del brazo. La obligué a ponerse a cuatro patas. Su barriga y sus ubres colgaban. Me puse detrás de ella de rodillas. No buscaba ya saciar mi deseo ni el suyo. Le había partido el culo, y le estaba saliendo mi semen mezclado con sangre. La cogí por detrás. La tomé de la cintura y comencé a darle "puntazos" de nuevo. Daba un impulso brusco a mi verga entraba ahora con mas facilidad, tropezaba con su trasero, ella se estaba corriendo de nuevo.

Mayra cedió y se puso en posición fetal, sentada sobre sus rodillas, postrada en el suelo. Yo seguía dándole "puntazos", un poco más tumbado sobre su espalda, extendí mis brazos y le cogí de nuevo sus pechos, apretándolos, sacándole leche, ordeñándolos. Estuve así un rato largo.

-¿Por qué me haces esto?.-

- Me gusta romperle el culo a mis mujeres a partir de ahora, serás otra de mis mujeres.-

- ¿De verdad no lo dices en broma?, me dijo casi llorando de la emoción-

- ¡Nunca! Tú eres especial.-

-¿Es que te tanto te ha gustado?.-

-Me ha encantado- Y le di otro puntazo, y le solté otro chorro de semen en su culo.-

Bueno. Al final nos levantamos y nos vestimos e intentamos volver a una normalidad turbada para siempre.

Cuando nos despedimos en la puerta, Mayra se me acercó y me dijo en voz baja.-- Por favor, no me vayas a dejar ahora.- Me metí de nuevo en el recibidor y la volví a besar tras abrazarla tierna, pero apasionadamente.
Le compre un apartamento al lado del mío, ya mi esposa sabe lo nuestro y lo conciente, y participa (en otro relato contare nuestras experiencias). Hace dos meses Mayra dio a luz una niña preciosa. La bautizamos la semana pasada y fíjense que nuestra relación ha mejorado, también participan otras “amigas” para evitar la depresión post-parto. Seguro que soy capaz de reanimarla, o reanimarlas a todas.

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Comentarios enviados para este relato
pelado45 (12 de December de 2012 a las 23:06) dice: La puta q lo pario ME ENCANTO EL RELATO COMPLETO CALIENTE BIEEEENNNN CALIENTE EXCELENTE REDACCION CON EL COMIENZO Y EL FINAL PERFECTO en fin si consigo levantar de nuevo el muerto me hago un solitario a la salud del autor y los protagonistas FELICITACIONES MUY CALUROSAS


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