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el perro de la privada

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Relato enviado por : belaperla el 04/02/2017. Lecturas: 8276

etiquetas relato el perro de la privada Zoofilia .
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Resumen
El día anterior tuve mi primera experiencia sexual, la tuve con sultan, un perro que no tenía dueño, todos los vecinos solíamos darle de comer sobras, pero ayer se dio un banquetazo conmigo, me quitó la virginidad, me causó dolor y sufrimiento su penetración, después gocé y goce, eso había sido el día anterior, hoy las cosas iban a ser diferentes.


Relato
ouch, ¿qué fue lo que me pasó? estoy molida; ¡ándale Perla que hoy si tienes que ir a la escuela, el grito de mi mamá me conectó de inmediato con la realidad vivida, tengo que asistir a la escuela, así que con todo lo adolorida que me setía pude levantarme para meterme al cuarto de baño, estaba por ingresar cuando mi madre penetró a mi recámara; bueno hijita yo ya me tengo que ir al trabajo, te duchas, tomas un rico almuerzo y esperas a que llegue el camión escolar. ¿Estás bien? Haber déjame ver tu cara, voltee para que mi mamá revisara mi rostro, ¡Nombre estás muy pálida! Creo que lo mejor será que tampoco hoy asistas a la escuela. No, ya me siento mejor, lo pálida debe ser porque acabo de levantarme, con el baño y el desayuno me sentiré mejor; contesté rápido para no quitarle más tiempo, lo que deseaba era que me dejase sola para poder asimilar la consecuencia de mis actos. Está bien, tengo que irme así que te dejo amorcito, terminadas sus palabras salió de mi habitación y entonces pude meterme al baño, fiu, pensé que se daría cuenta de que camino como charra abierta de mis piernas, ¿No se? me siento como si todavía tuviese dentro de mi vagina el miembro del perro, ¿Me quedaré así para siempre? Era una de mis interrogantes, con mis manos bajé mi pijama al msmo tiempo que mis calzones, sin las prendas ya pude sentarme en el sanitario, cerré mis ojos, aflojé el cuerpo, pujé un poco y salió mi piss, ah que rico, no se por que desalojar el líquido me estaba proporcionando una sensación de alivio, pasado ese momento pude observar el puente de algodón de mi prenda interior. ¡Híjole! Está manchada con flujo y semen de sultán, apresuradamente me levanté, extraje con prenmura la pantaleta para lavar mi vergüenza, tardé unos minutos pero la dejé impecable, ningún rastro de lo que sucedió ayer, colgué en un gancho la prenda y me dispuse a darme el baño, lo necesitaba más que nunca, si mis calzones estaban manchados, ¿Cómo estaré yo por dentro? Pensé mientras el agua caliente caía sobre mi cuerpo, el líquido estaba logrando su trabajo, refrescarme y aliviar mis molestias, tomé con mis manos la botella de shampoo, coloqué una dosis suficiente en la palma de mi mano y me dispuse a empezar mi limpieza corporal. Terminó el baño, salí apresuraa, para esos momentos ya llevaba puesta mi ropa interior, debo desayunar, ayer por andar con mis cosas no pude comer bien mis alimentos, prendí la cafetera, tomé un par de panes de caja y con rapidez preparé un sándwich, hasta esos momentos me percaté que ya había disminuido la sensación de estar abierta, si, ya camino un poco más normal, vaya, pensé que eso me duraría para toda la vida. terminé mis alimentos, estaba lista para irme al colegio, bueno, todavía tengo que vestirme con mi uniforme, salí del desayunador, me conduje a mi recamara, abrí mi ropero y tomé las prendas, blusa, vestido, calcetas, sweter, ¡listo! ya solo falta darme un arreglo en el cabello, una peineta, estaba colocando mis aretes cuando escuché el claxon del autobús escolar. salí con prisa, no deseaba hacer esperar al operador del autotransporte, tomé mi mochila y abandoné mi hogar, al momento de caminar por la privada pude observar algo que ocupó mis pensamientos gran parte del camino a la escuela, sultán estaba mirándome, su cara no perdió detalle de mis movimientos, así como mi ascenso al camión, todavía cuando me senté en el asiento ví del otro lado del cristal los ojos tristes del perro que me desvirgó, sentí tristeza, es como si pudiese captar su malestar; ya regresaré querido, pensé mientras el camino al colegio se acortaba. las actividades en el colegio lograron que olvidara por completo la experiencia vivida, más sin embarhgo ese día me parecieron más aburridas que en ocasiones anteriores, ya en el recreo mis amigas consiguieron que recordara mi pecado, un temblor en mis piernas más una ligera punzada bajo de mi calzón fue el resultado de sentirme agobiada con las pláticas de mis compañeritas, charlaban de sus acostumbradas frivolidades, actores que les gustaban, ropa de almacenes, chicos guapos, malestares por los profesores y cositas por el estilo, después del refrigerio las clases saturaron nuevamente mi mente por completo, fue hasta la salida cuando regresó mi inquietud; ¿me estará esperando sultan? El camino de regreso pareció interminable, yo ya deseaba entrar a mi privada y constatar que el perro estuviese ahí esperando que yo llegase, el autobús se detuvo, mi corazón comenzó a latir apresuradamente, incluso sentí un pequeño mareo, debo bajar, no tengo que hacer esperar al conductor ya que todavía tiene que llevar a su domicilio a varios estudiantes, observé por la ventanilla, al parecer todo está en orden, sultán ya debe andar haciendo sus acostumbradas trastadas, bajé del camión y comencé a recorrer el camino a mi domicilio, la distancia se acortaba, nada, ningún rastro del perpetrador; vaya vaya, mira nada más, sultán se encontraba a la puerta de mi hogar, al verme se enderezó y comenzó a mover su cola en señal de alegría, me acerqué y el comenzó a dar unos pequeños brincos, quiso acercase, más con mi sweter lo alejé, no deseaba que por nada del mundo que los vecinos descubrieran algo sospechoso en su comportamiento, me intruduje en mi casa, mi corazón desbordaba alegría, él estaba esperando mi llegada, suspiré emocionada, subí con rapidez las escaleras y me dirigí a mi recámara, aventé la mochila y me tendí sobre mi mullido colchón, cerré mis ojos, comencé a recordar lo vivido el día anterior, ¡Que barbaridad! el perro me desvirgó, ya no soy una señorita, ahora soy una mujer con deseos, razoné mientras colocaba mis manos en la entrepierna, apreté con suavidad y comenzó la punzada, ¿Qué no me bastó con la dosis que recibí ayer? ¿Será acaso que necesito otra ración para calmar esta ansiedad? El pinchazo estaba aumentando de intensidad, retiré mis manos para averiguar si la sensación se eliminaba o al menos bajaba su ímpetu, no, esto me preocupó, me levanté para caminar dentro de mi habitación, encendí la televisión para distraerme un poco, la comezón comenzó a ceder, así que con calma me quité el uniforme, quedé en ropa interior, me observé en el espejo, ya no soy una niña, debo dejar de usar calzones de algodón, estoy ahrta, debo sentirme cómoda y estos trapos no hacen juego con mi nuevo temperamento, hoy mismo hablaré con mi madre, debe entender que ya no quiero seguir siendo la nena de la casa, observé mi cara, mi rostro reflejaba mi nueva personalidad, bajé la mirada y mis ojos se detuvieron en la curva que baja de mi cintura y se ancha hacía la cadera, estoy perfecta en formas, todavía me falta crecer, así que estas curvas crecerán aún más. Un brillo asomó en mi mirada al momento que me deshice del bra, mis tetas están perfectas, lucen ricas coronadas por esos botones color canela claro, si lucen apetitosos, pensé mientras me desacia de esos horrorosos calzones, quedé desnuda, mi pelvis está terminando de llenarse de vello, en un par de años parecerá selva, ¡que bien! Estaré muy peluda para que quien me la acaricie arda en deseos de abrirla y penetrarla, ahora ya se lo que se siente, me gustó ayer y espero que eso no cambie nunca. ¡basta! tengo que hacer mis acostumbradas tareas, poner mi ropa a lavar, preparar mi comida, hacer mis tareas. Repasé mis queaceres mientras sacaba del fondo de uno de mis cajones un tesoro escondido, se trataba de un bikini que sustraje de la ropa de mi mamá, tiene bastante elástico, creo que me quedará muy bien, lo coloqué mientras esbozaba una sonrisa de satisfacción, me queda a la perfección, luce muy bien, si rozo con mi mano la superficie del triangulo percibo con claridad el relieve de mi vellosidad, para rematar es color rojo, me lo dejaré toda la tarde y ya que vaya a llegar mi madre me lo quito para guardarlo en el escondite, después me vestí ropas ligeras y comodas, camiseta, chort y unas sandalias. Transcurrio una hora, introduje mi uniforme y demás ropas en la lavadora, ya que debo lavarlo diario, si bien tengo dos, se deben alternar en su uso para no desgastarlos, ¿Cuál es el menú para el día de hoy? Acudí al comedor para averiguar si mi madre había preparado algo anoche, wau, un rico caldo de res con verduras, extraje una ración y la coloqué en el horno de micro ondas, presioné 6 minutos y mientras se calentaba me asomé al exterior, ¡diablos! De nueva cuenta está ahí esa maldita perra, no puede ser, va a provocar de nuevo a mi sultan, ¡debo impedirlo, ¿Qué haré? No puedo salir y corretear a esa maldita, llamaría mucho la atención si salgo con una escoba, la alarma del horno me invocó una idea, ¿bastará con la comida para ataer la atención del perro? Debo intentarlo, saqué la comida, salí del comedor, abrí la puerta y lancé un chiflido, después coloqué la bandeja llena con ese humeante caldillo, sultán al escucharme se distrajo de su intentona, lo había conseguido, ahí estaba saboreando mi comida, observé los alrededores, nadie a la vista, únicamente una vecina estaba por abandonar la privada, ¡perfecto! Pensé mientras recorría la bandeja al interior de mi vivienda, sultan también ingresó, lo había conseguido, nuevamente lo tenía para mi solita, claro, no iba a permitir por ningún motivo que esa perra saboreara lo que me pertenece, observé con calma como terminaba de saciar su hambre. Entonces mis manos tomaron la orilla de mis pantaloncillos, los bajé descidida, los calzones iban en el camino, así que ya estaba lista para saciar su otro apetito, dí la media vuelta y me coloqué de rodillas sostenida con mis manos al igual que una perra, estaba lista para la embestida canina, el perro merodeo primero en las prendas que segundos antes me había quitado, olfateó con avidez mi humedecido bikini, también le dio unos ligeros mordiscos a la mencionada prenda interior, eso me incitó aún más, me estaba sintiendo demasiado ansiosa así que palmeé mi vagina para llamar su atención, más el parecía encontrar mayor satisfacción al lacerar el humedecido bikini que el fruto palpitante de mis entrepiernas, así como me encontraba me acerqué, cambié la técnica para llamar su fisgoneo, con mis dedos abrí mis labios vaginales y me acerqué aún más, pude observarlo, sultán se detuvo de su tarea, solo por unos segundos, volteó su mirada y divisó mi caliente raja, se acercó, olfateó un poco, me encontraba demasiado sensible y pude sentir su nariz rozando mis carnes, eso me provocó un espasmo, perfectamente sentí como de manera involuntaria mi entrepierna apretó y aflojó en acto reflejo, creo que eso terminó por incitar su instinto, lambeteo mis profusos jugos, su lengua me provocaba más y más deseo, sentía mi vulva a punto de reventar, todavía no era conveniente dejarme llevar por las sensaciones, quería que continuaran más y más tiempo, me contuve, un gemido escapó, las palpitaciones de mi vagina se detuvieron, el perro continuaba con su trabajo, era imposible seguir conteniendo así que me dejé llevar, ya no podía pensar en otra cosa más que él perro me montara, solo era cuestión de esperar un poco ya que la punta roja de su miembro estaba asomando de su capuchón, todavía volvió a husmear con su nariz el agujero por el que defeco, a este lugar también le tocó lo suyo, lengüetazo y lengüetazo, ¿Qué diablos está esperando? Mi vagina está sin control, actua de manera involuntaria y no para de dar espasmos involuntarios, la caricia se detiene, creo que al fin me complacerá, siento sus garritas posarse en mis nalgas, cierro los ojos, el perro se impulsa y consigue subirse como todo un experto, puntea el humedecido manjar con desbocado frenesí, esos piquetes no hacían otra cosa que incrementar mi apetito, mis gemidos ya no los podía controlar, tuve que morder la tela de mi camiseta para controlarme, los puntazos continuaban, en ocasiones penetraban un poco consiguiendo que instintivamente apretase mis carnes para aprisionar el trofeo, ¡bingo! Se introdujo lo suficiente para capturar con mis labios el botín, un día antes había conocido ese dolor, era intenso, quizá un poco menos que ayer, ya no era virgen así que el miembro entró con más facilidad, no por ello sin provocarme sufrimiento, hoy si pude saborear el mete y saca del pito canino, podía percibir como la punta rozaba mis interiores haciéndome sentir plena, en esos instantes percibí que el apretón de las patas delanteras del perro incrementaban su fuerza, simultáneamente en mi vientre apreciaba perfectamente el movimiento de la punta de la salchicha, cerré mis ojos, apreté con fuerza mi interior para abrazar el calor que por momentos quemaba mi interior, entonces me dejé conducir por la acciión, el goce que sentía se ramificó, erupcionó del interior de mi vulva, primero en dirección de mi trasero, después subió a la parte baja de mi espina dorsal, su recorrido tocó mis dos pezones, ahí duró un par de segundos y después explotó en todas direcciones, el clamor fue superlativo, el regodeo no se contraía, por el contrario se elevó más y más, mis quejidos los reventé hacia mi interior, unos segundos más y el goce fue disminuyendo poco a poco hasta relajar por completo mi cuerpo. Mis pensamientos recobraron prontitud, estaba satisfecha, más mi compañero parecía no percatarse de ese hecho, el continuaba aferrado a mis cintura,propinando puntazos que solo provocaban ardor y malestar, hice elintento de zafarme, apreté con fuerza mi vagina para expulsar al invasor, agaché mi cabeza para observar por debajo de mis senos el panorama y pude ver la pelota del miembro, se encontraba a escasos dos centímetros de entrar a mi vulva, tengo que parar esto, no debo continuar o de lo contrario sultán me meterá su bola y ya no la sacará hasta que me derrame todo su semen en mi interior, ¡salte sultán! La orden no fue obedecida, ¡Que te salgas maldito perro! Su respuesta fue inmediata, la bola chocó con la pared de mi rosada raja, forcejeé, jalé mi trasero, sacudí mi cola para zafarme del inminente castigo, plop, tuve que tragarme el grito, el perro había alcanzado su designio, me había abotonado despiadadamente, no había más que hacer así que me relajé para esperar que expulsase ese líquido blanco y pegajoso, imagino su cara, la lengua de fuera disfrutando que me tiene plenamente enganchada como si fuese una perra, gotas de saliva mojaron mi trasero, ¿cinco minutos? Yo calculo que ese lapso de tiempo antes de que el perro se cansase de la posisión, impulsó sus patas delanteras hacia mi costado izquierdo y se colocó en la pose final, cuatro patas, su trasero pegado contra mi trasero, ya colocado en esa posición pude percibir la palpitación de su pelota en mis paredes internas, el punzar regresó, estaba invadida por completo, no había movimientos de mete y saca, más sin embargo el sentirme llena y colmada consiguío el renacer de mi embeleso de placer, las palpitaciones eran mutuas, el me acariciaba con sus pulsaciones y yo respodía con los espasmos de mi vagina, esta lo cercaba para cobijarlo de goce. Perdí la noción del tiempo, el éxtasis no aminoraba, los pulsos de ambos se incrementaron, nuevamente el placer llegaba a su punto cenit, las palpitaciones del perro se detuvieron por unos segundos, estaba conciente de lo que sucedería a continuación, abundante líquido caliente anegará por completo mi cavidad, saber esa referencia provocó en mi el umbral de un estallido mutuo, priss priss priss, aumm aumm, un manantial de semen caliente hizo erupción dentro de mi, ¡dios santo! ¡Que rico! Fue mi primer gimoteo, sentirme inundada esparció la sensación por todo mi ser, de mayor intensidad que la de minutos atrás, más intensa, más penetrante, ¡oh dios creo que me desmayaré! ¡si, si, así, aumm, un par de gemidos más mientras el líquido salía expulsado por las rendijas del tapóin, mi vulva y mis muslos compartieron la viscosa sensación, yo meneaba mi cadera para terminar de mecer la sacudida del orgasmo, asi, así, así mi sultán, fueron mis palabras expresadas en tono cariñoso al eficiente complice. Transcurrieron un par de minutos, sultán todavía no sacaba su miembro de mi interior, estaba agotada, pero bastante satisfecha, fue entonces que el perro dio el jalón final y una buena cantidad de semen salió de mi concha, no quise moverme para no ensuciarme más con ese líquido caliente, dejé que la mayor parte se escurriera fuera de mi vagina, voltee para ver una perspectiva, sultán se movía inquieto, observé su órgano, ¿todo eso estuvo dentro de mi? ¡Que barbaridad! Si que la tengo profunda, está bien, de lo contrario no me cabría toda y no disfrutaría igual. Mis pensamientos terminaron al momento de mirar como el perro saboreaba sus propios jugos, estiré mis manos para alcanzar mis pantaloncillos, ya con ellos me fregué mi parte para limpiarme de esta pegajosidad, me levanté con algo de trabajo, todos los minutos que estuve en esa posición contrajeron mis músculos, dejé mi prenda húmeda entre mis piernas por si todavía no terminaba de salir semen, incluso puje para ayudar a desalojarlo, bien sabía que aun quedaba resto de eso dentro, pero en el transcurso de la tarde terminará de salir. Subí las escaleras para ponerme algo de ropa, primero hice un alto en el sanitario, sentía bastantes ganas de hacer de la piss,, terminé y salí, abrí uno de mis cajónes del tocador, tomé al tanteo unas panties, me las subí hasta arriba de las rodillas,¿, después tomé un pedazo de rollo y me coloqué un tapón para no manchar mi ropa, subí la prenda y Después me puse una falda. Ya estoy lista, bajaré, debo asomarme a la ventana para ver si no hay curiosos, no me gustará saber lo que pensarían si vieran salir al perro, esperaré un poco más mientras su segmento termina por meterse dentro de su capuchón, mientras llega ese momento limpiaré con la jerga todo rastro de lo que sucedió aquí, no me daba coraje hacerlo, sobre todo por recordar la sensación vivida. Sultán se comenzó a poner inquieto, creo que ya está aburrido y quiere salir a continuar con sus andanzas, una vez más me asomé por la ventana, no hay nadie así que es el momento propicio, tomé la bandeja donde había comido, necesitaba sostenerla en una de mis manos, eso servirá para por si alguien me ve pensará que estuvo comiendo, sonreí ante mi ocurrencia, ¿Que si comió? Todita entera me comió, puse mi mano encima de mi pubis en respuesta a mi pensamiento, tomé la jaladera de la puerta y abrí, ¡salte sultán! ¿Qué sucede? ¡salte perro! No, sultán no me obedecía, ¿Qué le pasa? Tuve que cerrar de nuevo la puerta para pensar como diablos haré para que el enano salga de mi hogar, caminé un poco, di la vuelta, él estaba mirándome, se acercó, ¡ya se! Quiere que lo acaricie, ¡Ven cariño! El perro se acercó y lo comencé a sobar de su cabecita, ya ya, te quiero mucho pero debes irte, no había terminado de decirle esas palabras cuando ya tenía su cabeza pegada a mi pubis, ¡Basta! ¿Qué no te cansaste! ¿apoco quieres otra vez? La respuesta canina fue seguir olfateando mi entrepierna, ¡no perro! ¡Aléjate de aquí! Nada, el continuaba pegando su narizota en mi entrepierna, ya chiquito, ya, ya, es hora de que te vayas, tengo que ponerme a hacer mis tareas, un gruñido fue su respuesta, el deseaba continuar olfateando, esta bien, sigue haciendo eso que sabes hacer muy bien, lo dejé, estuvo pegando su nariz por un rato más, después intempestivamente abrazó mi muslo y comenzó a pervertir mi pierna, ¡basta ya! ¡Deja de hacer eso! No, sigue haciéndolo cariño, caliente, muy caliente estaba sintiendo su frotamiento, su bulto rozando mi pierna consiguió transmitir ese calorcito a mi vulva, la punzada regresó; ¡basta! Esa exclamación la proferí hacia mi interior, me grité para tratar de calmar mis deseos, jalonee mi pierna con la intención de separar al perro de su embate, un esfuerzo más y lo conseguí, más sultán no estaba dispuesto a perder su batalla, comenzó a gruñirme fuertemente, ¡Demonios! Espero que no vaya a ladrar, los vecinos de al lado pueden escucharlo, voy a tener que acceder a sus propósitos, había aprendido el rito, me di media vuelta, levanté mi falda hasta mi cintura, me bajé los calzones hasta los tobillos, incliné mi pecho para mostrarle todo mi trasero, entonces dejó de gruñirme y se acercó presuroso, el fruto estaba a la vista, así que no le costó ningún trabajo lengüetearlo, no deseaba que esto sucediera por que yo tampoco podría detenerme, la lengua rasposa me estaba incitando de nueva cuenta; ¡hazlo! Le exigí mientras terminaba de quitarme la ropa, volví a ponerme de rodillas, esta vez no desperdicio tiempo, enseguida me montó, mi panocha ya estaba caliente y deseosa de recibir ese tesoro, ¡que rico estoy sintiendo su jalonéo! cada vez que me jala choca su órgano contra mi pubis, su agitación es muy intensa, ese sonido encubre mis quejidos, me estoy sintiendo suya y para demostrárselo me acompaso en su resoplido, tengo la lengua de fuera, me siento una perra, las clavadas son intensas, todavía no alcanza a penetrarme, ¡ouch! Ya me la clavó toda, este canijo está aprendiendo, su punta entró y comenzó a limar mis paredes vaginales, me arde el interior un poco, debe ser por tanta fricción que a tenido en estos dos días, ¡No la saques! La exclamación era por que Sultan sacó su tranca y dejó de empalmarme, regresó con las lambidas de placer, ¡eso! ¡Así! Gózalo papacito, agaché mi cabeza y pude verle su miembro, lo tiene grande otra vez, como si no hubiese trabajado hace rato, un minuto más de lambidas y regresó a la carga, bió un brinco, me volvió a abrazar de la cintura, n¡de nuevo el sangoloteo, ¿métemela! ¡Métemela! ¡Huiuy! Eso, ahí déjala, no la saques, volvimos a armonizar nuestros bramidos, esta vez estaba bien colocado y pronto sentí el tope de la bola pegar contra mis labios vaginales, un par de empujones más y el abotonamiento me atrancó por dentro, apreté con mis paredes la bola, ¡Que delisia! Aflojé y repetí el movimiento, una y otra vez mientras mugía de placer, sultán se volvió a acomodar cola contra cola, al girar sentí un ligero dolor, esto apaciguo mi umbral de goce, solo un instante, ya que sobrevino el trueno de mis sentidos, jalé mi cadera al frente para acentuar el orgasmo, a lo lejos escuché que el perro chillaa un poco, debe ser por el tirón, no me importa nada en ese momento, soy yo y lo demás no me interesa, poco a poco solté mi respiración, el cuerpo flaqueó, las rodillas las sentía lastimadas, acababa de experimentar una vez más ese placer, el chorro de semen me indicó que el enano también conseguía aplacar su instinto, me tiré de pecho contra el suelo, estaba muy debilitada, necesitaba descansar, me acomodé, cerré mis ojos y ya no supe más de mi. Entre sueños sentí como el perro sacó su tranca, me reacomodé, y volví a dormir, desperté, ¿Qué pasó aquí? El reloj marcaba las cinco de la tarde, el perro dormía plácidamente a un lago de mi, me levanté los calzones todavía estaban en mis tobillos, los subí un poco, revisé mi vagina, no estaba sucia, no tenía semen embarrado, el piso tampoco tenía; ¿este enano lo habrá lamido todo? Creo que si, pensaba en lo que acomodaba mis panties, fui directo a la puerta, ni siquiera revisé si alguien estaba fuera, abrí y le dí la indicación a sultán para que saliera de la casa, así lo hizo, cerré y me recargué dando un suspiro profundo, lo bueno es que mi madre llega hasta las 7 de la noche, hubiera sido un trauma que me hubiera encontrado dormida con los calzones en los tobillos, pensé mientras me conducía a la bodega para tomar líquido limpiador, debía lavar el piso para terminar de borrar el vesigio del perro.


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